Réquiem por Raúl Castro Ruz

Por IDAYSI CAPOTE

 

Publicado el 14 de octubre de 2018 en DiarioLasAmericas.com

 

Raúl Castro Ruz,  en tu sentir de dictador vives convencido de que la muerte no te alcanza, que la inmortalidad te pertenece… Pero la historia te borrará como todo un antilíder.

Cuando sea tu hora final, justo durante esa hora, cuando el diablo te abandone y te quite sus fuerzas y retome su poder, acaso te preguntarás, durante un súbito segundo de vergüenza: ¿Y si mi vida ha sido un error?

Eso dijo antes de morir un personaje de ficción. Pero tú has sido demasiado real. Sangrientamente real para que la muerte te conmueva.

Aún en esa última hora te pensarás intocable.

Escucharás desde los paredones –antes y después de los disparos– desde el fondo del mar, desde las prisiones injustas, desde guerras ajenas, desde tierras lejanas donde los cubanos lloran su Patria, desde millones de hogares sin sueños; un murmullo tan doloroso que no te dejará tener ni el último suspiro.

Te rodeará un séquito que no te ama y del que enfermizamente desconfías, de consanguíneos que te utilizan o subordinados que te temen.

Los mismos que moldeaste durante tu nefasta existencia. Los que tuviste “cercanos” y distantes, aunque siempre presentes.

A estas alturas, seguramente ya le ordenaste a tu cuerpo, que cuando mueras, tus ojos no los quieres abiertos.

Que este debe luchar contra la muerte y matarla de ser necesario. Porque te da pavor cada segundo del recuento sanguinario de tu vida maldita que rodeará tu alma sulfúrica… ¿Ante quién?…  Si Lucifer sufre de pánico cuando te ve.

La historia te borrará, como todo un antilíder, sin categoría, ni linaje, ni justicia.

Las páginas de horrores por los siglos que se acercan le pertenecen únicamente a tu hermano, al sucesor de Hitler, al criminal en serie Fidel Castro Ruz.

Lo anterior te describe también, pero viviste en su sombra roja. Tu hermano Fidel, todo el tiempo estuvo convencido de que fueras un asesino similar a su imagen y semejanza. Tuvo también la certeza de que matarías sin piedad, en segundo, tercer o quinto lugar dentro de la involución cubana. Con el pueblo de Cuba, sumido en una máquina de los tiempos de Génesis.

La noticia de tu muerte será eclipsada por una mejor: el descubrimiento de la cura contra el cáncer, vida en otro planeta o el exterminio total del comunismo; o todas juntas.

Tu perfil diabólico-psicológico anticipa tus últimas palabras. Pronunciadas ya, antes de la horca, por alguien semejante:

“Lo siento sólo por dos cosas: Estas dos cosas son:
– “Siento haber maltratado a unos cuantos animales en mi vida”.
– “Y siento no poder asesinar a toda la raza humana”.

Tu sepulcro, al inicio, será un misterio. Tu sudario, ensangrentado. Un ataúd de espinas hacia dentro, un fuego que dure hasta el último suspiro de tu víctima más cercana a tu inminente deceso.

PD: Imposible concederle el descanso eterno, señor, y que al fin deje brillar sobre Cuba la luz perpetua.

@idaysicapote

Foto tomada de Google

https://www.google.com/amp/s/www.diariolasamericas.com/opinion/requiem-raul-castro-ruz-n4164369/amp

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