Vanidad femenina en el socialismo

Por: Idaysi Capote

La escasez y la pobreza que siempre genera el comunismo afectan la vanidad innata de cualquier mujer.

Los recuerdos de inventos que usamos en tiempos del mayor esplendor de las penurias en Cuba parecen productos surrealistas.

Hablo del período que sobrevive Macondo tropical desde enero de 1959 y el último segundo de la actualidad.

Mi adolescencia la viví en la década de los años 80’s… ¡cuántos recuerdos! ¡Cuántos inventos! ¡Cuánto riesgo!…

La mayoría de las mujeres cubanas somos trigueñas. Latinas al fin; a casi todas nos preocupa muchísimo el arreglo de pies a cabeza, o viceversa.

Recuerdo los tintes para cabellos que descubrimos abriendo las baterías o pilas que contienen generalmente una barra de carbono o una barra de grafito rodeada de polvo de carbón.

Mezclamos ese contenido del interior de una batería con peróxido de 20 volúmenes; y teñimos con esta mini mezcla atómica nuestros cabellos, para ocultar canas o decoloración por tanto sol de la playa del verano.

Ahora que lo pienso… es raro que no esté calva.

El laxante nombrado Laxagar era usado como gel para imitar los rizos de Michael Jackson; o de Jennifer Beals, la actriz que protagonizó el clásico juvenil de cine: Flashdance, en 1983.

Cuántos discursos de Fidel Castro publicados en el periódico Granma fueron papelillos o especie de rolos para amoldar el pelo “a lo Madonna”.

También había que acumular el agua de lluvia en tanques de 55 galones, o en el recipiente más grande que se tuviera en casa para lavar los cabellos, a falta de champú y suavizador.

Además, se usa este regalo del cielo para ablandar los frijoles o “balines” que venden aún al pueblo de Cuba para comer.

A falta de creyones de labios o labiales, usamos “algunas” la pomada cicatrizante Rojo Escarlata que vendían en las farmacias sin receta médica.

Las tizas de yeso en colores para escribir en las pizarras de las escuelas, sobre todo la roja, era usada como colorete, rubor, o podwer blush.

Las tizas blancas tuvieron su uso para “matar” el brillo de los cutis grasosos o mixtos.

A falta de cremas humectantes contra la resequedad de la piel, se aprovechó la enjundia de gallina frita. Se dejaba enfriar y se le echaba unas goticas de alguna colonia para no oler a cena del día anterior.

Para los encuentros íntimos de parejas, predominaba una técnica ante la falta de ropa interior mínimamente sexy. Consistía en desvestirse de una vez; al quitarse la blusa, el pantalón o un vestido juntos a las prendas íntimas, mostrando incluso más que Eva.

En los pocos días de invierno en Cuba, cuando usábamos la falda como parte del uniforme de secundaria o bachillerato; con una barra de jabón húmeda nos untábamos ese líquido baboso que gotea lentamente para que brillara la piel de las piernas que el frío cubano ponía cenizas. También con este invento alisábamos los pelos parados o el frizz del peinado.

Y los perfumes rusos… no era necesario un lavado de estómago frente a un envenenamiento; estos olores bolcheviques eran capaces de vaciarte hasta el alma. “МОЖЕТ БЫТЬ” o Puede ser, y Rococó, eran de los menos bélicos.

En las fiestas o “descarguitas” bailamos con zapatos de Albania, Bulgaria o Checoslovaquia. Eran de tacones altos; con ellos dejamos en cada pasillo de baile: la dermis, la epidermis, y un bajón de hemoglobina llegando a un nivel casi anémico.

Llegábamos a nuestros hogares descalzas después de bailar como tres horas y de caminar uno o dos kilómetros. Fui de las pocas que nunca caminó sin zapatos por las calles; nada más que pasaba el umbral de la puerta principal donde mi madre esperaba, me quitaba aquel par de verdugos comunistas entre lágrimas, pies ensangrentados, y mil maldiciones… hasta la próxima fiesta.

Cepillábamos los dientes con pastas dentales de Europa del Este. Recuerdo el mal sabor de la famosa y verde Pomorín.

Había que estar enamorados perdidamente para besar con un aliento marxista leninista; además de concentrarnos en Jesucristo, la canción de Roberto Carlos para pasar por alto estos Detalles.

Las lavadoras Aurika en los años 70’s traían un premio femenino. Un cintillo plástico plateado ribeteando todo el borde superior de aquellos codiciados artefactos.

Le quitamos aquel nuevo cinto con dos centímetros de ancho aproximadamente. Los hermanos les daban la terminación profesional con una pequeña hebilla de alguna sandalia rota; y en el otro extremo, tres huecos abiertos con un clavo caliente… Y pa’ la calle.

En Cuba hay clases sociales desde 1492. Y somos siete clases de pobres. Es por ello que no puedo afirmar que todas usamos estos inventos, ni fue de manera mantenida.

Hubo tiempos peores; donde desaparecieron los zapatos, los perfumes, los dentífricos, los medicamentos, las gallinas, los frijoles, y la leche maternal rusa que mantenía a Cuba sin economia propia.

La inocencia de la pubertad nos ponía a soñar con el amor, y con la ropa capitalista que veíamos en revistas extranjeras que llegaron a nuestras conciencias con el definitivo rechazo a la ausente estética socialista; con la convicción de que el capitalismo es la única sociedad que se preocupa por la belleza que ayuda a vivir.

Los comunistas le llaman hipócritamente “frivolidad” … la producción se dedica a la excelencia porque hay competencia.

Y con esta cacofonía de último momento, grito:
“Viva el capitalismo” y que Vivan Chanel, DIOR, Cartier, Armani, Versace, Michael Kors, Mary Kay, Bvlgari, Mac…

@idaysicapote

Foto tomada de Google

4 comentarios en “Vanidad femenina en el socialismo

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