El Síndrome del Mesías lo padece aún el comunismo en Cuba

Por: IDAYSI CAPOTE


Fidel Castro profesó su odio a Dios tratando de superarlo y prohibiendo que los cubanos creyeran en ÉL.

Con su egolatría a mil, se pensó omnipotente y omnisciente.


La omnipotencia la llevó a cabo a través de la dictadura anti cubana de más de seis décadas y la omnipresencia la desarrolló mediante la división entre la gente de un pueblo que desunió para mantener la bandera izada del miedo y la sumisión.


Sus ínfulas de todopoderoso y las ansias de sobrepasar todo lo que hiciera el resto del mundo, lo delataron.


La vacunación tardía contra el covid-19 -inexplicable para los que desconocen a este régimen- tiene su base en el proceder eterno del líder nefasto y difunto de la inexplicable revolución cubana.


Científicos de la isla ya sobrepasan un año tratando de inventar la vacuna que eliminaría el coronavirus del mundo y venderían a quienes la quisieran a pesar del embargo estadounidense que no impide al dictador de turno fabricar tiendas que comercializan su mercancía capitalista en dólares estadounidenses; y hoteles de lujo para turistas extranjeros.


Prefieren dar cifras de muertes a diario que comprar las vacunas al enemigo imaginario de la isla: Estados Unidos de América.


El enemigo está en casa. La cúpula que gobierna y somete al archipiélago cubano no le da importancia a la vida de un pueblo mientras ellos ya están inmunizados con vacunas del enemigo… el imperio yanqui.


La dictadura castrista cree ciegamente desde 1959 en la Divina Trinidad: “Made in USA”; y no en Dios, ni en el hijo, ni en el espíritu santo.


“Los malos que fabrican bueno”, es la frase popular que acuña que todo lo que viene del norte es insuperable y de una calidad suprema.


Fidel Castro dejó el traje verdeolivo por años, hasta que murió vestido de Adidas.


Y no es contradictorio, en la etapa crucial de su demencia no pudo ocultar que Cuba le quedaba chiquita. Que fue un aristócrata en toda la extensión de la palabra. Como su prole, como su hermano Raúl Castro y todo el que se acerca a su nivel de crueldad.


La semana santa me hace reflexionar en la hipocresía de la élite que gobierna a la fuerza a Cuba. Intimidan con enfermedades proliferadas como el coronavirus para evitar la sublevación de los cubanos que están viviendo en la isla una crisis generalizada y llevada al máximo por leyes dictatoriales que impiden una vida sin sobresaltos, sin hambre y sin libertad.


Quisiera mirar con los ojos de los que defienden ese sistema diabólico para ver si son miopes políticos, viven de él, o disfrutan sádicamente que en pleno Caribe un pueblo desfallezca por la falta de solidaridad mundial.


Miguel Díaz-Canel, director de la dictadura Castro, ha resultado ser un prototipo de robot con una ausencia de humanidad como cualquier invento de laboratorio.


Díaz-Canel es el resultado de años de doctrina, y para sustituir a los usurpadores Castro, sus calificaciones tienen que haber sobresalido notablemente.


Este Castro-robot, con un discurso más precario que el de Nicolás Maduro -algo que parecía imposible de superar- ha coronado a Cuba con la máxima expresión de socialismo: la depauperación del alma, cuerpo y mente a la cruelísima potencia.


Sus decretos semanales hacen que la Mayor de las Antillas aumente su sufrimiento, que ya eran demasiados.


Fidel Castro, como Hitler, será siempre referencia a la antítesis de lo humano; el amor lo conoció verdaderamente a sí mismo.


Me atrevo a afirmar que amó a USA porque tanto odio a veces roza con el amor. Es más, creo que de no existir el Imperio del norte no tendría razón para vivir con las fuerzas endemoniadas con que se proyectó siempre.


Vacunar a los cubanos de la isla, esa es la cuestión. No hay manera de mostrar justeza si no se hace con productos ya probados en el mundo.

Y convocar a elecciones libres en Cuba, no lo permitirían ni aunque lo pidiera Dios.


El Síndrome del Mesías, también lo aplica el Castro-Robot quien le rinde cada día al espíritu -para nada santo- de Fidel Castro; quien tomó Coca Cola, vivió como quiso y disfrutó mucho viajar a Nueva York.

@idaysicapote

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