En Hialeah: ni pobre, ni extranjera

 

Por: IDAYSI CAPOTE

Sí, y no se asombre al leer que en mi ciudad -generalmente de obreros y de algunos pequeños empresarios y uno que otro millonario- somos ricos casi todos.

Los pobres viven en Cuba, en Venezuela y en otros países comunistas o del tercer mundo.

Los pobres no comen lo que quieren a cualquier hora del día, o no tienen un techo; agua y electricidad 24 horas, los siete días de la semana, y mucho menos el preciado aire acondicionado.

Nos vestimos de marcas de Ross Store, a mucha honra. No sólo la gente de aquí. Por estas tiendas por departamentos baratas pasan los artistas del intercambio cultural “one way” o de un solo sentido que vuelven a Cuba a ostentar o “especular» y también personas de repartos de caché escondidas de las amigos.

Y qué suerte que exista aquí  “el cubaneo»; o contacto frecuente con otras personas.

La calidez de este pueblo de Estados Unidos de América se la debemos a los cubanos que emigraron desde 1959 y que levantaron la réplica de una Cuba libre.

Hialeah no te permite estar deprimido por la soledad. Si es así, con tan solo ir a un establecimiento conversas un poco y hasta puedes hacer psicoterapia contándole tu problema a la cajera, todo el que esté escuchando opinará, y hasta sobrarán los consejos “en español”.

Y qué decir de los mercados abarrotados de tradiciones que casi ninguna mesa de la isla conoce.

Soy guajira y en mi amada “jayalía» he comido otra vez frutas que en Cuba ignoran varias generaciones. Hablo de níspero, mamey, guanábana, grosella, chirimoya…

He probado la repostería completa tradicional de Cuba. En Hialeah te encuentras desde boniatillo -un dulce de la época de ñañá seré- hasta una panetela bien borracha de almíbar abundante, sin miserias.

En Hialeah pido “botella» o un aventón cuando mi carro está roto o prestado. Trato de pagar el “ray» pero se ofenden porque ha sido un favor y no un negocio.

Para los que dicen que estamos obsesionados con hablar del comunismo anti cubano; ¡Dios mío!, que entiendan que nada escapa del retroceso de la involución cubana.

No puedo negar que en los servicios, en ocasiones frecuentes, se nota la mala educación que se trae de Cuba, la falta de cortesía de muchos jóvenes generalmente denota el cuño del socialismo que aún se arrastra.

Allá en Macondo Tropical, Hialeah es objeto de burla.

Ya quisieran vivir a 90 millas los que critican esta forma de existir en pleno “Imperio Yanqui”.

Aquí al Sur de la Florida, en la ciudad que progresa, ya sin fango ni factorías, me siento en casa, para nada pobre,  ni extranjera.

@idaysicapote

 

 

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